Quédate mientras ROMPO
las ramas
de la abetosa.
Mírame mientras DESPOJO
de las flores
su cordura.
Tómame mientras DESGARRO
el glorioso canto
jilguero.
Huéleme mientras SURCO
la tierra mojada
con las uñas.
Apriétame mientras DESPIERTO
al oso que inverna
perezoso.
Aráñame mientras me pongo, sudorosa, la piel a tiras de la liebre amiga.

